Lloricas. Zoé Valdés

LlORICAS.

Entre los exiliados cubanos hay una especie de ‘fatum’ tremendo con la muerte. Todos quieren morirse, pero ninguno se muere. Bueno, algunos sí, los mejores. Pero ahora me refiero a los peores. Y hasta lo escriben, así, tan a la ligera, de un plumazo.

Hasta yo he caído en eso, he anhelado morirme más de una vez. Y en dos, por casi nada lo consigo. En otras tres por un tris, no me mataron ellos. Bueno, ellos son y serán siempre los culpables.

Todo muy lloriquera.

Hay que tener unos timbales bien puestos para hacerlo como lo hizo Reinaldo Arenas. De la manera tan digna en que lo hizo. Inclusive dejando esa carta memorable, histórica, delicada y fiera a la vez, donde no queda la menor duda que el que lo mató fue Fidel Castro, y no el Sida. FIDEL CASTRO Y LA MARICONA DE SU HERMANA FUERON LOS QUE LO MATARON.

Cualquier cosa que me pase a mí, quiero que quede también muy claro. Me mataron ellos. Lo que sea. Lo mismo si muero de un resfriado, de un resbalón, de un chichón en la cabeza. Me mataron ellos. No es que yo haya hecho algo mal. NO HE HECHO NADA MAL. Ellos son los malhechores, los asesinos. Ellos, ellos, ellos… Ellos me habrán matado. Nada de lloriqueos, nada de lloricas y pendejadas. Ellos nos han ido matando a todos, en este largo, doloroso, e ignorado exilio.

Porque cuando se es digno, o se intenta, uno no muere en el exilio, a uno lo han matado en el exilio. Sea de la forma que sea. Y habiendo inclusive hecho las cosas más o menos bien.

Bah.

Zoé Valdés

2 respuestas para “Lloricas. Zoé Valdés”

  1. Excelente articulo. Un abrazo para Zoe y que tengas una Navidad como tu la anhelas.

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