Pitmojón. Por Zoé Valdés

PITMOJÓN.

Alguien me habló hace algunos años de un calvo, con los dientes malísimos, que se ponía gafas para embarajar el feo que se mandaba, y que se había vuelto famoso porque cantaba una cosa de esas de ahora. Me enseñó la foto de aquel que se daba un parecido al bodeguero de la calle Empedrado, mientras añadía que tenía que oírlo, que era muy bueno y que era cubanoamericano.

Hace rato que no me fío de ningún charconioamericano de los que cantan ahora, y mucho menos si su pedigrí dice que es nacido en la Hialeah actual, no de la de antes, de la actual. Y eso que miren que me gustan los tamales de Hialeah, pero no soporto a los charconiosgringos.

El amigo me puso la canción en su teléfono con el respectivo clip de la cosa aquella… Bueno, vi al mismo calvo, con los dientes jorobeteados, y las gafas que no le aguantaban en la nariz, dándole repello a unas imitadoras de aquellas Criollitas de Wilson, pero no naturales como las de antes, no, todas recauchoteadas a más no poder.

Después de aquello padecí durante buen tiempo de acufenos en los tímpanos. Por lo que me prohibí de inmediato al cantantico de marras que no canta ni en inglés, ni en español ni en mandarín, y tampoco ladra, a pesar de su anhelo de querer compararse con un Pitbull, con perdón de la raza canina.

Por lo tanto, a mí lo que emita o expectore un sujeto semejante que se nota a diez leguas que posee un cerebro de repirimasinguilla (la ladilla de la ladilla de la ladilla), aunque haya ganado los millones que haya ganado, berreando tan inaguantable trabalenguas dañino para la inteligencia, y pasándole el rabo a la puertorriqueña culona multimaridos, me es absolutamente antiflogitínico.

Es más. Ojalá regrese a Cagonia a cantarle a CocaCanel, que es allí donde debe quedarse para siempre, y dejar la verdadera música cubana en paz.

A eso añádanle, y esto me lo recuerda otro amigo, que en una ocasión le pidieron apoyo con su firma para lograr la salida del país de un músico perseguido en la isla, y ni siquiera contestó.

Bah y recontrabah. Que si él es perro, más perra soy yo. Perrísima.

Zoé Valdés

2 respuestas para “Pitmojón. Por Zoé Valdés”

  1. Hace mucho rato que veo a los faranduleros en general con mucha ojeriza, y solamente me interesa de ellos que hagan bien su trabajo, el cual es simplemente entretener (tan pronto salen con pretensiones absurdas los descarto de inmediato). Este tipo es claramente un globito inflado, aunque no sea culpa suya pues alguien tiene que inflarlo, pero en resumen de cuentas, al bagazo, poco caso.

  2. Pero en realidad quereguetonero canta,hablan con un fondo musical llenos de cadenas cada dia mas gruezas que las de un perro y una literatura por llamarla de algun modo fallida,ni Pitbull ni la chuzma diva del pueblo merecen la pena torturarce,ese Alexander de Gente Sin Zona es un voz de un borracho de los anos 40,dan pena.

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