‘Je suis désolée’… Por Zoé Valdés

‘Je suis désolée’… A mí todo me entra por la belleza. Si no hay belleza no va…

No he visto nada más horroroso que los bustos de Martí ensangrentados. Y, me da mil millones de veces igual los supuestos y variados significados que le quieran imponer. Es una imagen refeísima. No es ni siquiera contestataria, es sencillamente espeluznante. Además, ya es un concepto demasiado gastado, manido. Ni como sugerencia artística sirve. Es más, mucho menos como pretensión artística.

Pero todavía más feas que los bustos martianos menstruando, son las pavorosas caretas de los Clariaclandestinos. Susantísimo, con tanta máscara veneciana divina que existe, y esta gente escoge esa mueca petrificada de tan nefasto y tétrico gusto.

Siempre recuerdo aquella anécdota real… Ocurrió en una de las veces que el pintor Acosta León intentó suicidarse en París, pudieron salvarlo; entonces como era habitual llamaron a su mejor amigo, otro pintor, Roberto García York. Al llegar al hospital Roberto soltó una exclamación aterradora:

-¡Acosta León, ‘quejesto’, chico! -los ojos clavados en la ropa interior del amigo- ¡¿Cómo te has podido suicidar con un calzoncillo verde tan maluco?! ¡Hasta para suicidarse hay que ser elegante! ¡La próxima vez que te suicides escoge una prenda de seda, mínimo de hilo, qué sé yo…!

Esta anécdota la oí en boca del mismo García York. Rogelio Martinez puede dar fe de ello.

‘Alors’, lo dicho, la próxima vez que salga un enmascarado, por favor, que compita con el Zorro, y no con esa especie de Juan Primito ‘petrificasustado’ con semblante ‘esputrefacto’.

Bah -anda. Ah… ‘Tout se sait’.

Zoeño.

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