Cartas a Eloísa y otra correspondencia. Por José Abreu Felippe

José Abreu Felippe

 

CARTAS A ELOÍSA Y OTRA CORRESPONDENCIA

Hacía mucho tiempo que un libro no me entristecía tanto. Terminé su lectura mientras la tarde cedía y la noche se avecinaba cargada de recuerdos: Yo veía a la noche como si algo se hubiera caído sobre la tierra, un descendimiento. Era el verano de 1968 y el salón de actos de la Biblioteca Nacional en La Habana estaba abarrotado. Yo estaba allí, en compañía de un par de amigos, y José Lezama Lima había comenzado a leer Confluencias. Desde ese primer Yo, telúrico y majestuoso, un silencio compacto descendió, como la misma noche insular, sobre la concurrencia absorta, deslumbrada y cómplice: La noche se ha reducido a un punto, que va creciendo de nuevo hasta volver a ser la noche. La reducción –que compruebo– es una mano. A mí aquella mano misteriosa que brotaba de la negrura y que se aproximaba a la mano del niño me llevó a Rilke y los Cuadernos de Malte y se me quedó grabada para siempre. Después comprendí que aquella misma mano, puente entre dos realidades, vaso comunicante y principio de toda dualidad, era como una gárgola de donde brotaba –descendía hacía nosotros– la poesía monumental del Maestro.

 

Aquel Lezama que entonces veía y escuchaba por primera vez se me antojaba como  un ser de otro planeta, de otra dimensión, guardián de un mundo único, personal y maravilloso, pero casi inaccesible. A su lado uno se sentía como un insecto a punto de ser aplastado. Paradiso, su obra maestra, es la suma de ese mundo profundamente cubano y universal, cerrado y erudito –sólo comparable al pórtico de la anunciación de la Sagrada Familia de Gaudí– sometido a la tiranía de una memoria descomunal e hipertrofiada, feérica y lúdica. En ambas construcciones el centro es Dios y la Familia. Una serie de arcos superpuestos que se agudizan, que hincan hacia lo alto para terminar en agujas horadando el infinito. De allí desciende la noche derretida, baja en volutas que todo lo cubre, caracoles insólitos, un mulo de seguro paso, cuadrados mágicos y laberínticos, antílopes, serpientes de pasos breves, la diana en un campamento militar, sapos mitológicos, groseros animales sentados en la piedra, sudor de tiempo detenido cobijando a la sagrada familia.

Pero aquel genio capaz de crear un mundo único en la literatura cubana de todos los tiempos fue perseguido con morbosa saña por el aparato cultural de la revolución cubana encabezado por Fidel Castro. Su novela Paradiso fue recogida de los estantes de las librerías, y se le forzó a enclaustrarse, negándole todo acceso a los reconocimientos internacionales que su obra generaba. Se le redujo a la categoría de indeseable y se le vigiló y acosó hasta la muerte.

El Lezama íntimo, familiar, profundamente religioso, está presente en la excelente  edición de Verbum, Cartas a Eloísa y otra correspondencia. La angustia de ese hombre solitario, desarraigado en su propia tierra, condenado a ver como el andamiaje de su vida y de su obra se desmoronaba, como su mundo se rompía a pedazos, está presente en las  cartas a su adorada hermana Eloísa. Volumen de imprescindible y obligatoria lectura para comprender el alma de ese hombre bueno que fue José Lezama Lima. Para terminar, quiero dejarlos con sus palabras, entresacadas de distintas cartas de este doloroso libro. Nada puede ser más elocuente.

 

Una casa ocupada por una familia inmensa ha sido talada y aventada. Si morirnos es separarnos de todo lo nuestro, la separación de todos los nuestros es también morirse…Yo vivo con más soledad de la que he vivido toda mi vida. Soledad y más soledad. Una sola alegría me decide, no he procurado dolor a nadie, nadie ha sufrido por mí…Tenemos que vivir sometidos a la más taimada vulgaridad… Si pudieras mandarnos unas laticas de aceite, nos arreglaríamos un poco la comida. Hacemos sofritos con agua… Cuando un hombre se queda sin familia, su vida se vuelve abstracta y mecánica… La muerte de mi padre, cuando yo era un niño me alucinó, la de mi madre me dejó en una soledad hasta el fin de mis días… La única cosa eterna en esta vida es la madre… Fue decomisada la guayabera y un par de medias… Necesito la medicina para el asma… Una cáscara de cebolla puede ser tan rara como una moneda etrusca… Llegaron los pasajes aquí a La Habana, pero el resultado fue el de siempre: no se me concedió la salida…


Cartas a Eloísa y otra correspondencia. José Lezama Lima. Editorial Verbum, Madrid 1999. El volumen incluye históricas fotos y una introducción y notas de José Triana. 446 páginas.

José Abreu Felippe en la Expo dedicada a Carlos Alfonzo, en Miami

Gracias a José Abreu Felippe por esta magnífica reseña.

Una respuesta para “Cartas a Eloísa y otra correspondencia. Por José Abreu Felippe”

  1. En el contexto castrista, Lezama era lo mismo que un extraterrestre, aunque no solamente ajeno pero dudoso, y bastante. Su gran triunfo, que bien caro le costó, fue no prostituirse ni servirle de nada a Aquel Horror. Comparado, por ejemplo, con un Cintio Vitier, el contraste es tan brutal como deslumbrante—se trata de un sol brillante al lado de una cagarruta de insecto. Está muy bien, por supuesto, que no haya hecho sufrir a nadie, pero eso no es algo glorioso, y lo otro sí. Requiescat in pace.

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