“Mi gata Sócrata es anti totalitaria, sale mandada cuando ve al Papa, y es fan de Felipe VI”. Zoé Valdés para una entrevista en La Razón que tampoco fue publicada…

-¿Cómo se llama tu gata, por qué y cómo llegó a tu vida? -adopción, compra, etc…

 

-Mi gata se llama Sócrata Nureyeva Lazarita Milagrosa de Todos los Santos. Llegó a mi vida el 17 de diciembre del 2014, era todavía muy pequeña. Me la trajo mi hija, venía de la casa de una amiga suya. Sócrata era la última gatita hija de una gata que había parido seis, padre desconocido. Nadie la quería porque decían que era muy fea, la más fea. Sin embargo, cuando la vi, me sobrecogió, tenía esa mirada tan tierna, y honda. Yo no quería aceptarla, porque siempre tuve animales y sé lo que se sufre cuando enferman y mueren, o cuando pasa algo en lo que no puedes intervenir ni hacer nada. Finalmente ella fue seduciéndome, poco a poco, como saben hacerlo los gatos. Mi hija me la trajo en un momento en que yo estaba pasando por una situación muy terrible. Y así entró, llave del alma en la pata…

 

-Le dedicas tu último libro, ¿por qué motivo?

 

-Le dedico ese libro y debiera dedicarle todo lo que he escrito desde que vive conmigo. Porque ella ha estado junto a mí en mis lecturas, en mi escritura, siempre atenta, siempre cuidándonos una a la otra. Ella me ayudó a empezar a escribir de nuevo, a re-aprender a vivir conmigo y con mis pensamientos. Respeta mis espacios y yo los de ella. Me quiere como lo que soy: escritora, y yo a ella como lo que es: filósofa.

-¿Gato antes que perro?

 

-He tenido los dos. No sabría decidir… Los gatos se llevan mejor conmigo. Los perros enseguida me trajinan a su antojo, dominan y mandan. Los gatos me dejan hacer, estar, y saben que soy más como ellos: libres e independientes. He tenido gatos y gatas. No he visto diferencias entre ellos. Debo volver a André Gide y a su ‘Corydon’.

-¿Por qué los escritores tenéis más fijación con los gatos que con los canes?
-Es cierto que hay una sabiduría en ellos que fascina. Es el animal del antiguo Egipto, no olvidarlo. Son inspiradores de algo muy misterioso en solitario, contienen una danza desconocida atrapada en sus cuerpos, cuando caminan poseen esa majestuosidad única, cuando caminan escriben. Agradecen con otra forma de lealtad, muy suya, y discreta. Quizás no sea lealtad ni fidelidad, es ‘fieleza’, palabra inventada. Tal vez por eso se identifique más a los gatos con los escritores.
-¿Eres ama permisiva, de las que la deja dormir contigo, ver pelis en el sillón…?
-Sócrata no duerme conmigo. Sólo a veces, muy temprano en la mañana se sube a la cama y se echa a mis pies. Nunca ha sido pegajosa, pero sí atenta de lo que hago. Ella tiene sus cojines inmensos, y ahí se echa a ver la televisión. Le encanta el ballet clásico, adora a Nureyev, y los conciertos de Erik Satie, también el teatro en francés, y el rap, rapea con la cola. No aguanta los noticieros ni en francés ni en español. Tampoco es fan de Netflix, pero sí de que le lean en alta voz. Le encanta que le lean. He sido permisiva con la comida, y estoy tratando de controlar eso.
-¿Qué es lo más bello que te ha pasado con ella? -me han contado casos de gatos que  maullaban tras un mareo de su ama a los vecinos, o lamían sus lágrimas tras un problema.

-Me salvó la vida. Yo no quería vivir y ella me salvó la vida. Ella evitó lo peor.

 

-Por cierto, ¿Por qué su nombre?

 

-Soy muy amiga de la cineasta y escritora Nadine Trintignant. Nadine tiene una gata preciosa a la que bautizó con el nombre de Nietzsche, porque también es muy pensadora, y se la pasa maullando igual que una filósofa, igual a esos que se autodenominan filósofos, que salen a filosofar públicamente y se quedan medio tartamudos en la Caja Tonta Que Eructa (la tele). Entonces le dije que había llegado una gatita a mi vida y que reaccionaba muy parecido a Nietzsche, y que le buscaría un nombre de filósofa o de trágico griego, pensé en Terencia por Terencio, pero después me dije que Sócrata, por Sócrates, le venía mejor. Ella cumple a pie juntitas con eso de “Conócete a ti mismo”, atribuido a Sócrates, entre otros filósofos griegos. Nureyeva porque la noche que la puse por primera en mi regazo yo estaba viendo un ballet con Nureyev y ella se quedó absorta, más pendiente que yo de las magníficas piruetas del bailarín. Lazarita porque llegó a casa el 17 de diciembre, día de San Lázaro. Milagrosa porque me salvó la vida, fue un milagro para mí. De Todos los Santos porque es santa, tan santa que debiera ser canonizada, pero no por este Papa de ahora. A ella no le gusta Francisco, ni a mí. Ella es ver a Francisco en la Caja Tonta Que Eructa y salir mandada, igual cuando ve a Castro en imágenes documentales, o al Castro II, o a Díaz Canel, o a Maduro. Ella es una gata muy antitotalitaria. Eso sí, adora al Rey, a Felipe VI, y a Cayetana Álvarez de Toledo. Tiene buen gusto.

-Cuéntame algo más de la gatita y o que quieras que tenga que ve con ella.

-Sócrata es lo que aquí llaman «gato de alcantarilla y tejado”, o sea, gato callejero. Son los más inteligentes, pero los de menos clase. En su pasaporte está escrita esa denominación, y me molesta mucho, así mismo se lo hice saber a su veterinaria, que se rió a carcajadas cuando se lo solté, pero al final entendió. Porque Sócrata es para mí como una emperatriz del conocimiento. No hay nada que no quiera yo saber que no obtenga respuesta en su mirada, como en los libros. Nadie cree estas cosas, y hasta se burlan por ahí cuando lo digo. Pero también es sabido que vivimos en un mundo de tecnócratas insensibles y de gentuza idiota. Sócrata es fina porque ha sabido refinarse, prefiere la “música de las esferas” de la que habla Fray Luis de león en su ‘Oda a Salinas’ al reguetón: 

 

 

‘El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música extremada
por vuestra sabia mano gobernada…’
—-
Normalmente este artículo de cierre de periódico iba a salir publicado hace tres sábados en el diario español ‘La Razón’. Después de tres sábados de espera sin resultados ni respuestas lo publico aquí.

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