‘Pájaro lindo de la madrugá’, de Zoé Valdés. Por Ramón Muñoz Yanes

‘Pájaro lindo de la madrugá’, de Zoé Valdés.

Lo disfruto, letra a letra y página por página, vislumbrando el vínculo entre los dos ancianos, Arsenio y Elbio, alrededor de la figura central, Fulgencio Batista y Zaldívar.


Otra vez Zoé Valdés con secuencia olímpica, regala la posibilidad de ejecutar una ablución de la memoria y me empuja a convertirme en musivario de disímiles imágenes de la infancia, rescatando con empeño de taracea recuerdos perdidos.


No soy crítico de arte ni lo pretendo, pero como novel aficionado a la historia vislumbré en Zoé Valdés un franco detalle de cercanía con su obra ‘Lobas de mar’, una trepidante y atractiva historia de Ann Bonny y Mary Read, dos mujeres piratas del XVII. La prolífica obra de la escritora sobre la historia contemporánea cubana, se aferra a la realidad con un lenguaje crudo y honesto, que hace las delicias de todo conocedor de la ínsula del absurdo, más aún del nativo donde su prosa araña el corazón del lector y hace que afloren los recuerdos, vestidos como para verbena dominguera con la más pulcra añoranza.


A Zoé Valdés se le palpa a través de sus letras y más aún en esta etapa de su obra literaria, es un púgil con fuerza y experiencia. La última obra ‘Pájaro lindo de la madrugá’, atrae desde la primera oración y se adentra en una verdadera labor de arqueología social en la historia cubana más reciente, inmediatamente previa al fracaso de los últimas seis décadas. Zoé rescata la controvertida figura de El Indio, El Hombre, El Mulato, el artífice de una época donde las estadísticas cubanas abofetean al más avezado miembro de la actual maquinaria propagandística dictatorial, cuando la isla se ganó el merecido alias de La Perla de las Antillas.


La escritora Zoé Valdés ha desafiado la maquiavélica fábrica de críticos educada en La Habana verde olivo y más aún el rencor tan típico del incapaz ante la obra de talla respetable. Labor titánica la de hacerse un puesto a las orillas del Sena en un París preñado de talentos, pero sobre todo en la historia del arte del exilio cubano.


R.Muñoz.

Deja un comentario