Mauricio Vicent y Cuba. Por Zoé Valdés

Mauricio VICENT Y CUBA.

He decidido desde hace años no entrar más, como hacía siempre, desde que me levantaba, en el sitio de El País. Salvo, cuando algún amigo español (o no cubano) me indica un artículo en especial. No hago caso de las opiniones de la mayoría de los cubanos referente a lo que leen en la prensa, primero porque no saben leer prensa libre, en general sólo entienden de panfletos que publican loas a sus verdugos y en donde les venden el infierno como el paraíso de La La Land. Además, son de merengue, no aceptan críticas, aunque les encanta insultar y difamar.

Pero.

Hoy me ha escrito un email una cubana exiliada desde hace 50 años o más. Me pregunta si leí el artículo de Mauricio Vicent. Le explico que prefiero no hacerlo porque amo cada vez más a mi hígado. Entonces me ha respondido lo siguiente:

“Como me gustaría que este drogadicto deformado que vive de la tragedia cubana, el Vicent, cogiera el coronavirus y muriera como un perro, como muere el pueblo cubano en esos hospitales infernales. A este tipo habría que llevarlo a la Corte internacional, sus artículos son la mejor prueba de su complicidad, años y años ganándose la vida con el dolor de los cubanos”.

No he quitado ni he añadido nada. Sólo diré que pienso exactamente igual que esta señora a la que le mataron a su joven hermano muy al inicio de aquel horror, y ella, esposa de un conocido periodista amenazado, encarcelado y finalmente censurado, debió exiliarse junto a su marido y toda su familia.

Bah y recontrabah.

Zoé Valdés.

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