Mayo, un mes de esperanzas y de hermoso simbolismo. Por Ernesto Díaz

MAYO, UN MES DE ESPERANZAS Y DE HERMOSO SIMBOLISMO

 

 

Durante el curso de este mes de mayo nuestra vida estará cargada de muchas expectativas y de no pocas ilusiones. Hasta la fecha el tránsito de este año 2020 ha sido, en gran medida, doloroso y sombrío. El nuevo virus (COVID-19) concebido, de acuerdo a lo que aseguran algunos científicos del más alto nivel, entre ellos el  francés Luc Montagnier, Premio Nobel de Medicina por su investigación sobre el VHI, quien asegura que el coronavirus fue creado en los laboratorios de Wuhan, China, y escapado del centro de experimentación por accidente, ha venido azotando a la humanidad luego de su desenfrenada expansión hasta los rincones más remotos del mundo.

 

Estamos ante un gran reto, y es tarea que les corresponde a los científicos en la rama de la medicina, con el apoyo más decidido de las instituciones gubernamentales, de luchar por ganar esta batalla, no sólo para salvar las valerosas vidas de aquellos que desafortunadamente no han podido evitar el contagio y sufren de este grave padecimiento, con altas cifras de mortalidad, sino para garantizar la eliminación futura de esta enfermedad terrible que hasta el momento ha llevado el luto y la desesperación a tantos hogares.

 

Sabemos que ha habido grandes avances en el descubrimiento y ensayos preliminares de esa vacuna tan necesaria para que todos podamos respirar tranquilos y traer de regreso a nuestras vidas la felicidad y la paz espiritual. Esta es una de las ilusiones más importantes del momento, con la que comenzamos a transitar por los oscuros senderos con que se nos presenta en esta ocasión el tradicional mes de las lluvias y el de las floraciones que alegran el alma. Si algo ha de servirnos de estímulo, es apoyarnos en la realización de nuestros anhelos que, poco a poco, con el transcurso de los días, tal como era lógico de esperarse, se han ido convirtiendo en realidad.  Mientras llega el momento de que podamos sentirnos libres de esta amenaza sórdida y galopante, es responsabilidad de nuestra parte, porque la situación así nos lo exige, ser fuertes en la  voluntad de nuestra conciencia, y en la medida de nuestras posibilidades continuar con nuestros hábitos de vida, sin dejarnos aplastar por ese otro virus, no menos aniquilador, que es el terror irreflexivo, paralizante de la fe y de la esperanza.

 

Mayo es un mes, también, de  hermoso simbolismo, no sólo de tristeza y desolaciones como se ha empeñado el destino en presentárnoslo en este año 2020. Y de manera muy especial lo es para los cubanos de aquí y los que han tenido el infortunio de vivir atrapados en esa telaraña de odio y de maldad donde por más de seis décadas se han visto atascadas sus ensoñaciones y sus realidades. Esos que no han tenido la oportunidad de escapar a los maltratos físicos y psicológicos que  impone el desenfrenado totalitarismo, emanado de ese otra pandemia esclavista tan mortal como el mismo COVID-19, elaborada en la inconsciencia antihumana, de los que sufren el aberrante padecimiento de haber venido al mundo enfermos de poder y de gloria, para la que aún no se ha encontrado una vacuna efectiva, más allá de la amputación radical, como ocurre con un miembro gangrenado.

 

¿Y, cómo no iba a ser hermoso el mes de mayo, el Mes de las Madres, por encima de todas las tribulaciones, si es esa la ocasión cuando con más regocijo disfrutamos del privilegio de tenerlas aún en vida, o evocamos los mejores recuerdos vividos junto a ellas y las sentimos renaciendo en nuestra arterias y en nuestras pupilas los que las hemos perdido?

 

Sí, es ocasión hermosa, porque en la fecha de esta trascendental celebración, como el cáliz de las flores se abren de par en par nuestro corazones, para rendir tributo de gratitud, de reconocimiento y de entrañable amor a quien nos dio la vida y nos llenó de luz el universo de nuestra infancia. La que tomados de la mano nos enseñó a andar sobre la transparencia de los rectos caminos y sobre las espinas y el retorcimiento de los que conducen a malos destinos.

 

Fue mi madre un espejo de bondad y ternura, que me enriquecía el alma con cada mirada. Pude en sus enseñanzas aprender el valor de la humildad y de la honradez, la importancia de entender que mis derechos no iban más allá que el derecho de los otros; que debía en todo momento tratar a los demás con el mismo respeto que aspiraba yo a que se me tratara a mí mismo. Y así, sin apartarme de esos preceptos he logrado vivir, en los buenos momentos y en los malos; en los días de lluvia pertinaz y las apacibles noches, coagulado el firmamento de radiantes estrellas.  Es por eso que quiero dedicar un pensamiento especial a su memoria; susurrarle en secreto que ella ha sido y será lo más querido e importante en  vida.

 

No me es posible en el día de hoy concluir estos comentarios, sin evocar de igual forma con la misma sensibilidad y el amor inmenso a mi madre, el amor intangible de que han sido merecedoras muchas, muchas madres cubanas. Desde la inolvidable Mariana Grajales, hasta Clara Abraham, invencible en su fortaleza de espíritu, madre del mártir del presidio político cubano, Pedro Luis Boitel, fallecido, en un mayo ya lejano en el tiempo, pero tan desolado y sombrío como este.   Y desde el recuerdo de aquel día tan triste, por la irreparable pérdida que había sufrido esta madre virtuosa, y otras madres cubanas, transitan en doloroso deambular mis recuerdos hasta transformas en inevitable orgullo por el heroísmo con que afrontaron sus largos años de despiadado encierro, en las prisiones de la tiranía, otras hijas de Cuba también. Mujeres excepcionales que todo lo dieron en su empeño por rescatar la libertad perdida en nuestro país, la decencia gubernamental y el sagrado respeto  a las instituciones democráticas.

 

Sea este nuevo Día de la Madres, de amor y de felicidad para todas las madres del mundo. Que en los avances de la ciencia se abra paso la sabiduría de esos valiosos hombres y mujeres  que luchan sin descanso para hallar con urgencia una fórmula efectiva, capaz de poner fin al cúmulo de riesgos y de muertes, y a las angustias que durante meses ha venido ocasionando este maligno virus a la humanidad.

 

Dios bendiga a todas las madres del mundo. Y bendiga a esos heroicos profesionales de la salud, que día a día se sacrifican y arriesgan sus vidas, con admirable amor y bondad.

 

Ernesto Díaz Rodríguez

Ex prisionero político cubano

Secretario General de Alpha 66

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