Pandemia totalitaria. Por José Abreu Felippe

José Abreu Felippe

PANDEMIA TOTALITARIA

¿Puede el aire del Sur de La Florida, una península estrecha barrida por todos los vientos habidos y por haber, estar contaminado por la plaga china? ¿Es imprescindible caminar, cuando lo autorizan, por calles o parques, generalmente desiertos, protegidos con guantes y máscaras bajo un sol abrasador? ¿Es necesario permanecer en las casas en confinamiento o prisión domiciliaria, sabe Dios hasta cuándo? ¿Es útil la llamada “distancia social” (imposible encontrar otra frase más ridícula para indicar un alejamiento físico), que incluye cero besos y abrazos? Estas y otras preguntas yo me hago, pero lo que más me preocupa no es que las respuestas sean afirmativas o negativas, sino el poder inusitado que se ha adjudicado el gobierno, central o local.

¿Puede un país democrático, en nombre del bienestar común, actuar como lo haría una dictadura totalitaria? Yo pienso que no, que no debe tener ese poder, que por otro lado, nadie le ha dado. Sin embargo, nuestros familiares y amigos están muriendo en los hospitales sin que podamos acompañarlos en un momento tan difícil, sencillamente porque alguien que no da la cara lo decidió así. Esa medida tan inhumana no tiene justificación, bastaría con facilitar al familiar la misma parafernalia protectora que usan los aguerridos médicos y enfermeros que asisten al moribundo. Parece obvio que no lo hacen por el bienestar del paciente o evitar contagios, lo hacen porque es más sencillo, les es más cómodo así y porque les da lo mismo que el paciente muera en desconcertante soledad (ni que tuviéramos la posibilidad de morir varias veces) y sobre todo, porque pueden hacerlo, una ley arbitraria –ordenanza, decreto, da igual cómo  lo llamen–, absolutamente totalitaria, se lo permite.

Y no sólo es lo que está ocurriendo en los hospitales, el trauma se extiende a las funerarias y los cementerios, donde al fallecido no se le da, por decreto, un trato digno. No me vayan a decir que meterlo en una caja hermética dentro de dos bolsas parecidas a las que usamos para la basura constituye un trato digno. Como si hubiera que deshacerse lo más rápido posible de una cosa peligrosamente infecta. Yo no sé si un muerto por la peste china es capaz todavía de infectar a alguien, ¿pero no sería más sencillo desinfectar el cadáver antes de embalsamarlo? Hay una gran manipulación, en gran medida amarillista y cuyo único objetivo parecer ser el interés en mantener vivo el terror en la población, detrás de las cifras que se dan a conocer sobre infectados, hospitalizados y muertos. Nunca, o muy pocas veces, se aclara que esas cantidades son acumulativas, desde que comenzó el problema. Que el más de un millón de contagiados en La Florida, por ejemplo, no significa que esa sea la cifra actual. Puede que más de medio millón se haya recuperado ya. Igual ocurre con los hospitalizados y los muertos. Jamás se manejan, lo cual sería muy estimulante, las cifran de los que han logrado vencer la enfermedad. ¿Por qué?

Es muy preocupante lo que nos ha tocado vivir. Pienso que si le sumamos a lo que está ocurriendo con los afectados por la pandemia roja, el control que, directa o indirectamente, ya ejercen los gobiernos sobre los ciudadanos a través del acopio insaciable de información individual obtenido por los aún llamados teléfonos celulares, en realidad telepantallas orwellianas, las redes sociales o inocentes instrumentos de mercado como las tarjetas de crédito y los documentos de identidaddisfrazados de licencia de conducir, entre otros, queda muy poco de la libertad que nos prometieron los padres fundadores de esta gran nación, avalada por una sólida constitución de más de doscientos años.

Es cierto que el gobierno actual se ha preocupado, más que cualquier otro en el mundo, por aliviar las dificultades alimentarias y económicas de todos sus ciudadanos. Eso es algo que a mí, ciudadano norteamericano, me llena de orgullo y satisfacción, pero como se sabe lo cortés no quita lo valiente. No dejemos que el pánico al contagio y a una muerte estúpida, nos ciegue. Hay que mantener, como el don más  preciado, el derecho a la libertad individual, que incluye también la posibilidad de elegir dónde y con quién deseamos morir. No permitamos que la plaga china se convierta en una pandemia totalitaria.

Una respuesta para “Pandemia totalitaria. Por José Abreu Felippe”

  1. Excelente. El Estado de Nueva York tiene mas contaminados y fallecidos por el Virus chino que China y Rusia. Ambos paises en plena normalidad. Y EE.UU en terapia intensiva con casi 80,000 muertos, dos mill. de infectados y la Economia en muletas. Mas de 30 mill. de desempleados. Justo cuando el Pdte Trump le exigia a China acabar con el desbalance comercial de $300,000 mill. de doll. si se suman los robos narras de patentes. No creemos en ese tipo de casualidades. La UE y EE.UU si tienen lo que las gallinas ponen tienen que responder y duro y sin guantes.

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