Google y las erratas. Por Zoé Valdés

GOOGLE Y LAS ERRATAS.

Google ha homenajeado a Alejandro Dumas con un ‘doddle’ animado, leo. Debieron homenajearlo con algo más, pero así vamos: repletos de palabras y definiciones incomprensibles: ¡’doddle’! Vaya cosa. Para colmo el mulato blanconazo que fue Dumas aparece como prieto, o sea, afro.

Y hablando de Dumas…

Recuerdo que en una época en Cuba los libros empezaron a salir llenos de erratas. Erratas son errores, y no e-ratas, para aquellos que nunca han hojeado u ojeado un libro.

A veces la Fe de Erratas adjunta al libro podía ser el doble de extensa que el libro mismo. Las erratas colmaron las librerías, de hecho había más erratas que librerías, y hasta más erratas que libros, e incluso más erratas que escritores y editores.

Al orate, que no orador, Fidel Castro se le ocurrió declamar en un discurso que duró como tres años (por suerte con pausas) aquello de que la excesiva aparición de erratas era contrarrevolución y una evidente agresión del enemigo imperialista, además de culpa del bloqueo norteamericano y ‘poripallá’… A la Maruga Antillana siempre le dio por eso, y más, por los ochenta en que hasta pearse (versión dialectal andaluza, según la RAE) era contrarrevolución con todos sus derivados.

El resultado fue una campaña ‘mundial a nivel nacional’ como expresó un ducho ‘sindicalero’ de combate a muerte contra las erratas, esas enemigas capitalistas. De modo que, tras el estruendoso fracaso de la zafra de “los 10 millones van”, que no fueron, la isla entera debió de ponerse en función de la cacería de erratas. Ibas en una guagua o por doquier con sigilo, no fuera a ser que alguien te chivateara por contrabando de erratas.

De inmediato redoblaron la vigilancia contra las imprentas y, los más perseguidos fueron los correctores, cajeros de mesa, y los linotipistas. Trabajaban éstos bajo tal presión que en lugar de conseguir ser sumamente eficaces y precisos lograban todo lo contrario y se equivocaban mucho más en su trabajo.

Cada libro debía salir impecable, de lo contrario podían enviar a correctores y linotipistas a cazar cocodrilos en la Ciénaga de Zapata o al paredón. En cada volumen, además de su título y nombre del autor, debía constar mediante fajín que: “Este libro está libre de erratas”.

Pero. Ocurrió lo inevitable. Al parecer correctores y linotipistas al imprimir ‘El Conde de Montecristo’, no sin antes ser expurgado por la censura, editaron bajo una tal presión nunca antes experimentada que, cuando el libro salió de imprenta, en la mismísima portada se podía leer: ‘Es Conde el Cristo de Montes’, autor ‘Alejando Dunas’, y en el fajín: “Este libro está libre de ‘errotas’”.

Para colmo, se había hecho una de esas tiradas monstruosamente soviéticas que se hacían en Cuba de cien millones de ejemplares y ya no había cómo convertir en pulpa tanto papel. De modo que decidieron vender los ejemplares en las librerías tal cual, aunque con otro fajín añadido que rezaba “ejemplo de cómo el enemigo yanqui puede acechar” desde una ‘errota’, digo, errata.

Zoé Valdés.

Para Google el mulato blanconazo Dumas es afro:

2 respuestas para “Google y las erratas. Por Zoé Valdés”

  1. Zoè: Aunque creo que mucho hay de «cachondeíto» en algunas partes de tu escrito, creo que es muy sano recordar anécdotas ciertas de las fe-de-erratas en Cuba.

    Pero hay anécdotas curiosas sobre las erratas en libros desde hace muchos años. Por ejemplo, lo publicado por Letras Libres de México no hace mucho tiempo:

    https://www.letraslibres.com/mexico/cultura/perdona-nuestras-erratas

    Es destacable lo que se destaca en este artículo: «Quien esté libre de erratas que tire la primera piedra»

    Pero no debe ser una regla general para nadie.

  2. Y por mi parte, una errata ocasionada por las prisas en contestarte. Lo que se llama una «polisemia» en lo que escribí:

    «Es destacable lo que se destaca» … en lugar de algo más correcto, que sería: «Es importante lo que se destaca»

    Me auto-corrijo.

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